Patria Invisible

Traje bordado usado para bailes de negrerías en Perú

©Fideicomisarios del Museo Británico

BY Nereida Apaza, POSTED IN All Projects, Andes, Collections

La poeta y artista visual Nereida Apaza fue invitada a trabajar con la colección de objetos peruanos del museo como parte de su residencia artística. Aunque muchos de los objetos pre-Colombinos de la colección han sido estudiados anteriormente e incluso algunos han sido exhibidos al público, la mayoría de los textiles más contemporáneos de la región no están documentados o investigados ni han sido exhibidos.

Entre otros objetos, Nereida tuvo la oportunidad de estudiar trajes bordados utilizados para las danzas de Negrería en Perú. Algunos de los trajes tienen imágenes de personajes políticos o militares de la historia del Perú tales como Luis Miguel Sánchez Cerro  y Miguel Grau, quienes continúan siendo homenajeados hasta la fecha a través del discurso sobre lo que significa la nación peruana. Algunos trajes también representan indígenas de la región, narrativas y material histórico. Las Negrerías se originaron entre la comunidad afro-peruana como un mecanismo de oposición a la cultura colonial y celebran la liberación de la esclavitud.

Desde entonces, las negrerías han sido adoptadas por las comunidades indígenas Quechua y Aymara a lo largo del país. Algunos de los bordados de los trajes contemporáneos presentan escenas que apoyan las narrativas nacionales oficiales mientras que otros las atacan. Es por esta razón que las danzas en las cuales se usan los trajes se han convertido en un espacio complejo donde el tiempo y la sociedad son re-imaginadosademás de ser una forma explícita y fluida de resistencia a la cultura y religión dominantes. 

La colección de bordados contemporáneos del museo también tiene trabajos de Puno, en la región del lago Titicaca Peruano. Estos trajes fueron elaborados para quienes participan en las diabladas, o danzas del diablo, que son otro ejemplo de subversión religiosa indígena y de burla hacia el poder colonial. Para quienes trabajan en las minas de Puno, estos espacios subterráneos representan lo opuesto a lo que dios y cristo representan, ya que creen que las profundidades pertenecen al diablo. En este contexto, las danzas del diablo se realizan para pagar tributo al diablo, visto como un observador despiadado que puede aparecerse con la forma de un soldado español, el rico dueño de una mina o un vaquero gringo. Las danzas buscan calmar a esta figura temida y los poderes que representa. Sin embargo, debido a que los misioneros cristianos repudiaban las religiones indígenas en Latinoamérica por considerarlas un culto al diablo, el demonio Supay y su esposa la Loca también están asociados a la Pachamama o diosa de la Tierra, quien tiene el poder de la fertilidad. De esta forma, las diabladas fueron también incorporadas como parte de las ceremonias de la cosecha que existían con anterioridad a la conquista española.  

Los bordados Shipibo-Konibo de la colección son en su mayoría kené, un diseño de mapa ancestral que representa los bosques, fauna y fuentes de agua de la región del Ucayali en la Amazonía peruana. Según la tradición, solo las mujeres tienen la habilidad para crear kenéproduciendo los diseños a partir de sus sueños e imaginación. Aunque el arte Shipibo se conoce actualmente gracias a su presencia en el mercado folclórico y turístico del Perú; los diseños también armonizan con importantes filosofías pan-Amazónicas, según las cuales la harmonía social depende del bienestar físico y espiritual de todos los aspectos del mundo natural, incluyendo tanto a las personas como al complejo ecosistema en el que habitan.  

El trabajo multidisciplinario de Apaza es una crítica a las narrativas nacionales dominantes en Perú; particularmente en las formas en las cuales dichas narrativas son transmitidas en el sistema de educación pública del país. Su crítica está canalizada a través de trabajos que hacen evidente la experiencia íntima y subjetiva del aprendizaje, ya sea a partir de textos o el trabajo con objetos. En particular, Nereida explora su habilidad para aprender como parte del proceso de producción de arte; ella aprende mientras se relaciona con su práctica ancestral.   

En cuanto al trabajo de Apaza con los trajes bordados del museo, es importante tener en cuenta las danzas para las cuales fueron hechos. Estos llamativos trajes eran y siguen siendo usados para conmemorar fechas religiosas o seculares. Las danzas son exuberantes y activas en su forma de resistencia contra la sociedad y los opresores de los que hacen mofa. Por ejemplo, las danzas del diablo de los mineros de Puno, Perú, están asociadas predominantemente con grupos masculinos y tienen lugar durante varios días al año en las calles del pueblo. Esto contrasta con el proceso de bordado de los trajes y la elaboración de máscaras, los que tienen lugar durante todo el año y tienen un alto costo para los participantes. Algunas máscaras de diablo forman parte de colecciones en museos alrededor del mundo, y algunos de los productores de las máscaras han alcanzado éxito como artistas. En todo caso, la mayoría de ellos son hombres.  

En contraste, la mayoría del trabajo bordado es hecho por mujeres y, por lo menos en Latinoamérica, se conoce popularmente como una práctica artesanal femenina. A diferencia del caso del Ke Shipibo-Konibo, la complejidad atribuida a las danzas y los trajes no se considera parte del acto de bordar. El trabajo de Apaza es un ejemplo de los procesos intelectuales y de contemplación que hacen del bordado una práctica ancestral. Aunque su trabajo es una crítica a la política peruana contemporánea y a la realidad social, su arte va más allá del activismo. La experiencia personal e íntima que Apaza expresa en su trabajo nos recuerda que, de cara a situaciones de marginalización, la creatividad y la intelectualidad pueden superar las narrativas y el conocimiento que nos son entregados institucionalmente. En sus repetidas imágenes de los héroes de la historia del Perú, ella reflexiona acerca de la responsabilidad del artista para con su audiencia y la sociedad en general.  

Este trabajo se asemeja a las pecheras de la danza de las negrerías, las cuales suelen estar bordadas con personajes y eventos importantes de la historia de Perú. Apaza ha bordado el contorno del escudo de Perú en la parte frontal de la pechera, pero excluyendo los símbolos tradicionales. Para reemplazar los símbolos, Nereida bordó un fragmento de la obra “Peru: problemas y posibilidades” de autoría del historiador Peruano Jorge Basadre, donde se hace referencia a la corrupción política del Perú. Las intricadas líneas rojas que rodean el escudo hacen referencia al color de la bandera nacional, pero también representan sangre. La referencia a sangre está relacionada con las varias generaciones que han dado vida a la nación peruana, pero también a la violencia política contemporánea. La parte trasera (cuello) de la pechera tiene escrita la palabra Mañana, haciendo homenaje al artista y activista peruano Juan Javier Salazar, cuyo proyecto titulado»Peru: país del mañana» sirvió como crítica a la esperanza de una reforma nacional futura que está siempre a la espera, pero nunca se lleva a cabo. El trabajo de Apaza no es solo un ejemplo de una práctica ancestral politizada (en este caso el bordado), sino que también va más allá del arte político tradicional al incluir elementos de sus experiencias personales.   

Los bordes irregulares y sin dobladillo de la pechera hacen referencia a los bordes de las pecheras de la colección; los que Apaza ha dibujado en términos de línea y composición. Mientras que la pechera de Apaza fue reforzada por debajo con papel periódico endurecido, una técnica usada por las bordadoras de los trajes de danza en Perú, el material del frente de la pechera es algodón simple, un material que se utiliza en el museo para proteger los textiles, ya que se guardan enrollados. Es así como la pechera logra materializar la experiencia de la artista al visitar trabajos históricos en el contexto de los almacenes del museo.  

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Pechera utilizada para la Negreria que demuestra a los líderes de la independencia peruana.

©Fideicomisarios del Museo Británico

La versión del libro de mapas de Londres “A to Z” de Apaza es una tela bordada que se asemeja a un cuaderno de colegio. El diseño de la portada copia los cuadernos de ejercicios escolares distribuidos gratuitamente por el gobierno peruano. El cuaderno contiene poemas escritos por Apaza durante su estancia en Londres que luego han sido bordados sobre páginas hechas con materiales similares a los que se usan para el almacenamiento de objetos en el museo. Los colores y materiales utilizados hacen que el contenido sea difícil de descifrar, por lo que el observador necesita acercarse a las paginas e incluso tocarlas para lograr comprender algunas de las frases e imágenes. De esta manera el trabajo mismo obliga a la audiencia a ponerse en el lugar de la artista, quien estudió y contempló detalladamente la colección para inspirar su obra, al igual que el tiempo de trabajo y los momentos de reflexión que tienen lugar al hacer el bordado. 

El uso de materiales similares a las telas que se usan para envolver los objetos de la colección hace referencia al contexto de los almacenes del museo. Así mismo, la idea de envolver y enrollar responde a los conceptos opuestos de interior y exterior. De esta manera se hace un paralelo entre los conceptos en términos de objeto/espacio de almacenamiento, y las experiencias personales de Apaza al navegar en los espacios desconocidos de la ciudad de Londres.  

El objetivo de los proyectos relacionados con la colección en el Centro de Excelencia Santo Domingo es generar opciones de acceso a objetos que no están exhibidos en las galerías del museo. Aunque estos objetos están disponibles para el público que los solicite, quienes los estudian son usualmente investigadorxs afiliados a universidades y que tienen los recursos financieros para llevar a cabo trabajo fuera de sus países de residencia. El centro busca promover el trabajo con la colección hecho por una audiencia intelectual y creativa más amplia.